No partimos de una plantilla. Partimos de comprender cómo funciona cada paciente.
Partimos del motivo de consulta y relacionamos síntomas, movilidad, apoyo, marcha o carrera, calzado, actividad y objetivos. El pie se valora dentro del conjunto, no como explicación automática de todo lo que ocurre en rodilla, cadera, pelvis o espalda.
No buscamos un dato aislado que lo explique todo. La huella y la tecnología aportan información, pero la decisión nace de integrar los hallazgos y valorar si existe un factor relevante y modificable.
Comprender el conjunto permite decidir si conviene observar, orientar, coordinar o tratar.






